Japón dice no a emperatriz y sí a parientes lejanos para salvar la corona
Este viernes 17 de julio de 2026, el Parlamento japonés aprobó una reforma polémica que mantiene vetado que una mujer sea emperatriz, a pesar de que la opinión pública está a favor. La ley sigue privilegiando a los hombres para la sucesión imperial, dejando fuera a la princesa Aiko, hija del actual emperador Naruhito.
La movida busca asegurar la línea de sucesión con la incorporación de parientes masculinos lejanos, que habían salido del registro imperial tras la Segunda Guerra Mundial. Estos nuevos candidatos tienen un parentesco lejano con el emperador, pero podrían mantener vivo el Trono del Crisantemo si el príncipe Hisahito, de 19 años, no tiene un hijo varón.
Además, la reforma termina con la práctica de que las mujeres pierdan su estatus real al casarse con plebeyos, aunque sus hijos aún no pueden heredar el trono. Un ejemplo reciente es la exprincesa Mako Komuro, que dejó la familia imperial en 2021 tras casarse con su novio.
La discusión no estuvo exenta de polémica: dentro del Partido Liberal Democrático, la líder Sanae Takaichi, primera mujer en gobernar Japón, se opuso a la sucesión femenina. Mientras tanto, diputados como Seiichiro Murakami calificaron la exclusión de Aiko como “absolutamente indignante”.
Este debate refleja la tensión entre tradición y modernidad en Japón, donde la corona sigue siendo un símbolo con raíces milenarias, pero también enfrenta el reto de adaptarse a los tiempos.


